jueves, 11 de agosto de 2016

La marcha

Yo nunca entendí el asunto del orgullo gay, no entendí porqué uno iba a sentirse orgulloso de su inclinación sexual, qué tenía de meritorio preferir un sexo sobre otro. Tenía armado todo un discurso sobre eso, tal vez el resto más sofisticado de homofobia que me quedaba. Hasta ayer. Ayer entendí una cosa que cualquiera con 2 dedos de frente y que no hubiera crecido en la burbujita liberal en la que crecí habría entendido hace rato, ser abiertamente gay en este país requiere un coraje inmenso. Y de ese coraje, el que lo tenga, sí se puede sentir orgulloso.