jueves, 11 de agosto de 2016

La marcha

Yo nunca entendí el asunto del orgullo gay, no entendí porqué uno iba a sentirse orgulloso de su inclinación sexual, qué tenía de meritorio preferir un sexo sobre otro. Tenía armado todo un discurso sobre eso, tal vez el resto más sofisticado de homofobia que me quedaba. Hasta ayer. Ayer entendí una cosa que cualquiera con 2 dedos de frente y que no hubiera crecido en la burbujita liberal en la que crecí habría entendido hace rato, ser abiertamente gay en este país requiere un coraje inmenso. Y de ese coraje, el que lo tenga, sí se puede sentir orgulloso.

jueves, 5 de mayo de 2016

Yo creo que dios, (Dios, por si las moscas), está un tanto obsesionado con demostrarme que cualquier afirmación que uno haga, cualquier acto de fe que se afirme, será irremediablemente controvertido por una ulterior malparidez cósmica.
Y claro, es contradictorio que un ser cuya condición necesaria para cualquier tipo de comunicación sea un acto de fe por parte del interlocutor.
También es una contradicción en sí la primera afirmación.
Pero no estamos aquí,  (¿estamos aquí?) para resolver profundas cuestiones metafísicas, si no para evidenciar cierta manía cósmica de contradecir.  El destino es un estudiante primíparo de filosofía. Un pinche escolástico con un fetiche autoerótico por la retórica sofista. Lo malo es que no sabe comunicarse más que a través de psíquicos o ejemplos palpables. Paila.

miércoles, 27 de abril de 2016

Los 3, un 4 del 5 a las 6 en el 7 de agosto

Un café un poco ruinoso en la 69 con 23 en Bogotá, 4 mesas 12 sillas rimax y una barra.

Augusto. Vendedor ambulante, nacido en Cartago hace unos 60 años, más de la mitad de los cuales ha vivido en Bogotá.

Julio. Bogotano de unos 50 y tantos (esos tantos más de 5), se dice abogado pero nadie sabe ni dónde ni cuándo ni si sí estudió. Conoce de códigos y leyes y se rebusca la vida en juzgados ofreciendo asesoría en trámites.

Kato. Dice que es japonés, pero casi todos creen que es ecuatoriano desde un partido entre las selecciones de Ecuador y Venezuela por las eliminatorias al mundial del 2006 en el que no pudo ocultar sus emociones. Es el dueño del local y quien atiende.

Son las 6 de la tarde de un cuatro de mayo, llueve y ha llovido todo el día. Por la puerta del café se asoma Augusto, mojado y con cara de enfermo. Kato está en la barra, Julio está sentado en una de las mesas, lee un periódico de distribución gratuita.


Augusto:

¡Ay! Clima infame, vergajo.
Si sigue lloviendo me mojo
si me mojo gripa cojo
con mocos, tos y gargajo

Tengo las medias mojadas
y frío hasta en el pescuezo
ojeras de viejo sabueso
y ambas narices tapadas

Regáleme un tinto, don Kato
y buenas las tengan, señores
coméntenme pues sus dolores
y echemos carreta un buen rato


Kato:

Siga se sienta
entre hombre, que llueve
no se moje más


Julio:

Dichosos, Augusto, mis viejos ojos
que viéronlo entrar por aquella puerta
acerque una silla, no somos cojos
tomemos tinto, la tarde está muerta

Tiene usted razón en eso del clima
tan frío y mojado que a nos enferma
pero es luz del sol su oportuna rima
que en este gris día mi angustia merma

Lleva hoy de la peste la máscara
caliente agua, panela y cáscara
de naranja, y en las noches lo bebe

le echa jengibre y se toma una pepa.
Ya que el destino nos reúne de arepa
¿puede pagar los diez mil que me debe?


Augusto:

¡Doctor! ¡Don Julio! ¡Compadre!
pláceme verlo y saludar
esa agüita me he de tomar
antes que esta gripa ladre

Universos infinitos
soles distantes, planetas
asteroides y cometas
¿Qué son diez mil pesitos?

Mentiras, Julio, hoy le pago
los tengo acá en el bolsillo
tomémonos el tintillo
y hablemos de Pacho, el mago



Julio:

Supe que Pacho mudose a Zipacón
(Los diez le agradezco, estoy muy quebrado)
pan de maíz hace y vende por montón
y es que de mago vivía embalado

Usted sabe bien que cambian los tiempos
hoy ya los niños no son esos de ayer
ven japuñecos de aquellos violentos
no quieren magos si no a un Pagüer Ranyér

El caso es que Pacho cambió de ciudad
cambió de trabajo, hizo bien en verdad
para cambiar de mujer le hizo falta un tris

Porque doña Sandra se quería quedar
pero él convenciola de sitio mudar
Y hoy viven felices del pan de maíz.


Kato:

Hace mucho bien
quien el maíz transforma
en buenos panes.

Y lo hace mejor
si combina la masa
con la cuajada.


Augusto:

Don Kato parece a veces
un grande sabio de oriente
es breve y nada corriente
y nunca dice sandeces

Y por Pacho ya me alegro
hasta envidia le tengo yo
de que la flauta le sonó
huyó de un destino negro

Sin que me extrañe le hablo
Pacho es curtido y añejo
más sabe el diablo por viejo
de lo que sabe por diablo

Kato

Los años vienen
con gran sabiduría
a quién atiende

Esa cátedra
de un melancólico
tiempo pasado


Julio

Comparto en parte su sabia opinión
pero sé yo del mundo y sus maldades
y tengo en el alma una sensación
viven necios de todas las edades

Cuentan que vive por Patio Bonito
un viejo más viejo que Matusalén
que vio a Pedro el grande de pequeñito
que de arrugado no lo pica el gegén

Este pobre viejo pierde la mula
por cada muchacha, vieja o parvúla
les da sus ahorros y toa la pensión

Les compra ropita, las saca a comer
a ver si lo dejan alguito coger.
Viejito pendejo, viejito güevón


Agusto:

Supe también esa historia
el viejo se llama Miguel
si algo logra el viejo aquél
llega de infarto a la gloria

Pero no es de sorprenderse
jalan más un par de tetas
que otro buen par de carretas
cualquiera puede perderse


Kato:

Lo interrumpo
la mujer es perdición
o gran fortuna

Aunque lo pior es
nunca haber conocido
mujer ninguna


Augusto:

Don Kato, mucho cuidado
habló con un cierto sabor
que le sonó más de Ecuador
que del oriente soñado

(Ríen Augusto y Julio)


Kato (socarrón)

A ese que entre
la mierda anda, algo
se le pegará


Augusto:

Con Acento o sin acento
acierta otra vez don Kato
el vivir solo es ingrato
el tiempo se pasa lento

Aunque no sea paz segura
y tenga dolor y lucha
mejor compartir la ducha
que atesorar amargura


Kato:

Es: "matrimonio"
muy distinto de: "mujer"
Papa y caldo

Entra en el café un viejo alto y robusto, Justo, nacido en Madrid. Vive en Colombia hace unos 20 años y trabaja como profesor de literatura en un colegio distrital.

Justo:

En eso don Kato acierta
Perdonad que os incomode
voy entrando

Encuentro la tienda abierta
y vengo desde Fecode
caminando



Traté de subirme a un bus
traté de un taxi agarrar
no se pudo

Del sol se ocultó la luz
tuve entonces que caminar
y que sudo


Kato


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Miedo comercial

Una de las cosas que más me perturba de un atraco es el miedo que deja, la certeza visceral de no estar seguro. Aunque es una consecuencia inevitable,  las circunstancias del robo afectan sus alcances y proporciones. (Hablo con la autoridad retórica de 8 atracos)
Hay lugares reconocidos en el imaginario popular por ser inseguros, lugares que se evitan porque el peligro es una etiqueta que tienen amarrada. Cuando se es víctima de un atraco en un lugar así se tiende a asumir la responsabilidad, por haber ido, por dar papaya.
Algunas otras veces, ciertos robos penetran las fronteras difusas de nuestras "zonas seguras". Recuerdo que a los 17 años me atracaron a poco más de 200 metros de mi casa, en un barrio relativamente tranquilo de Bogotá; ese atraco me asustó por años.
Creo que esas "fronteras" son recursos necesarios con los que contamos para hacer más vivible la vida, para convivir con riesgos que asumimos como improbables para no llenarnos de angustia permanente. Cuando se comprometen estas fronteras nos invade una espantosa sensación de indefensión. (Es posible que a estas alturas esté escribiendo en plural mayestático,  así que si siente algo parecido, querido lector, hágamelo saber para que no me avergüence tanto ese "nos").
Se me ocurre que esas fronteras con un tanto experiencia y un mucho de prejuicio determinan en gran medida la evaluación que hacemos de los riesgos y nuestra reacción ante las tragedias.
Se me ocurre todo esto a raíz de esa pregunta un poco ingenua y muy molesta que pulula en estos días, esa que reclama indignada porqué ciertos muertos valen más.
Mi respuesta es ofensiva por lo simple, no valen más pero sí nos asustan más. ¿Si la violencia ataca a un habitante urbano de un país de primer mundo sin conflicto interno, qué garantías tiene el resto de la humanidad sobre su propia seguridad?
La misma lógica aplica para los crímenes contra los famosos, para el caso de los biólogos de los andes, para el 9/11 y para otros tantos casos.  Por eso acuñamos el término "terrorismo".
Claro, hay un circo mediático,  y claro, ese circo mediático es parcial y desinforma.
Claro, los medios son un negocio y el miedo vende.

miércoles, 29 de julio de 2015

Dream a little dream

"Escribe tus sueños" me dijo, y eso que solo le conté el del superhéroe gringo de los cincuentas medio negro y medio chino, que en ciertas dimensiones paralelas era gay cuyas historias estaban talladas a manera de cómic en varias hojas de navaja guardadas en un cajón de un mueble viejo.
Como esta es una entrada guardada que acabo de retomar, no me acuerdo quién dijo eso.
Pudo ser A que sigue siendo una inicial porque todavía me importa, o E; pudo ser L o Andrea.
Quién quiera que fuese logró que le hiciera caso, escribí varios de mis sueños en un cuaderno que encontré hace poco.
En uno viajaba con A (esa misma A) por trabajo a Madrid que no era una ciudad si no una inmensa casa llena de habitaciones pequeñas, puertas, corredores y escaleras por la que corríamos afanados pero contentos.
Al final salíamos a la azotea y anochecía y el cielo crepuscular y sus colores eran tan cursis y barrocos que me daba cuenta de que la imagen sólo podía ser el telón de fondo de una obra igualmente cursi y barroca y era feliz.

En otro era un vendedor de aspiradoras. Viajaba por una especie de magdalena medio, más selvático y más húmedo, conmigo iba Magdalena, que para efectos del sueño no era una gata si no una pantera. No recuerdo mucho más, una casa grande, una fiesta, una borrachera casi mortal (literal-oníricamente), un guayabo tan pesado que me obligaba a pensar que estaba soñando y despertarme, en el mismo sueño, en la misma casa pero desierta excepto por un jaguar que jugaba con Magdalena. Lo último que recuerdo era que tenía que abordar un ferry y como era tarde no tenía más remedio que saltar desde un puente a la cubierta mientras pasaba por debajo.

En otro más andaba en triciclo por Bogotá, que se parecía más a Manizales que a Bogotá, aunque tampoco se parecía a Manizales, era más bien una especie de Honda. Llegaba a una casa enorme como de los años 50´s con una sala abierta al exterior donde en un televisor viejo se veía un documental sobre flores; un colibrí trataba de alimentarse dándole picotazos a la pantalla.

También he hablado con liebres, he volado, hay un gato que varias veces me ha enseñado a usar "soflán", he tenido que enterrar a un tío al que le disparaban y luego cenar con él porque se había vuelto zombie. Tuve que huir de paramilitares que parecían una horda de hunos, y a los que acompañaba a manera de artillería un convoy de camiones enormes cargados de plantas carnívoras, enormes también.

"¿Qué soñabas?" me pregunto L una vez cuando desperté: "me dijiste dormido que me metiera debajo de la cama y cogiera el billete de 50, que era lo único que tenías y que tuviera cuidado con el cadáver de la chica."

Tengo una amiga que cree que los sueños son puras imágenes aleatorias que vemos mientras dormimos y que todo el hilo narrativo lo construimos inconscientemente en el momento en el que tratamos de recordarlos, si no me equivoco, y es muy posible que me equivoque, ese supuesto lo comparte el psicoanálisis que basa su diagnóstico no en el sueño en sí si no en la narrativa que le damos. Que árida teoría, ojalá no sea verdad.

martes, 26 de mayo de 2015

Mañana una señora va a empezar una dieta, un señor va a abrir una cuenta de ahorro programado para comprar un carrito, mi hermana se va a levantar temprano para ir al colegio y yo no tan temprano para venir a la oficina.
En un mes la señora habrá desistido, el señor hará una segunda consignación, mi hermana seguirá yendo al colegio y yo levantándome un poquito más tarde que ella para venir a la oficina.
"¿Dónde te ves en 5 años?" Me contó alguna vez J que le preguntaron en una entrevista. "Ojalá que vivo" pensé yo, "y un poco menos pobre".

jueves, 19 de marzo de 2015

Soñé que usted era una mente criminal. Luego soñé que yo era un asesino a sueldo, un freelance de la mafia. También volví a soñar con el gato blanco que me recomendaba usar soflán para lavar las sábanas.